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Counselors Argentina SA
Sistemas de Gestión y Recursos Humanos

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Boletín de Recursos Humanos - Número IV

Detección de factores motivadores

por el Dr. Marino Milella*
 

Sigamos con el tema de la motivación e intentemos delimitar el concepto. Cuando decimos “motivación”, podemos estar refiriéndonos a tres aspectos de ella:

1)  Que alguien se sienta inspirado para hacer algo en determinadas circunstancias

2)  Que alguien, modificando determinadas circunstancias, le inspire a otro el deseo de hacer algo que antes no deseaba

3)  Un conjunto de técnicas recomendadas para crear las circunstancias mencionadas en el punto anterior.

En lo que toca al primer punto son ejemplos el tener ganas de comer o ir al cine, sin que haya necesidad de invitaciones por terceros. En el segundo interviene una persona que nos tienta con una rica torta o unas entradas gratis. El tercer punto puede hacer pensar en que el anfitrión averiguó de antemano qué torta nos gustaría y la mandó cocinar para agasajarnos o, conociendo nuestras preferencias por las películas de acción, decidió darnos el gusto.

Cuando los expertos utilizan el término “automotivación” están hablando de la acepción 1. Cuando dicen “motivación”, se refieren a la 2 o a la 3. Por lo menos deberían, aunque no hay nunca garantía de la expertise.

La motivación, en las acepciones 1 y 2, es un estado psicológico, inducido por una serie compleja de factores que aquí me limito a mencionar, ya que no es éste el lugar propicio para ahondar y se aburrirían tal vez Uds. si nos lanzáramos a temas fisio/eto/neuro/psico/lógicos. Pero, claro está, las ganas de comer o ir al cine dependen de que dispongamos de un estado de salud adecuado, de que hayamos acumulado energía para mover nuestros músculos, de que la comida o el cine existan, de que nuestro sistema nervioso no esté ocupado con otras cosas, de que nuestras hormonas no nos tengan abatidos, de que sea la hora de salir y no la de dormir, de nuestra edad y desarrollo, de que no nos hayan atiborrado hace poco con dulces o películas, de que no haya malvados que nos impidan movernos y de cuantas más cosas se les ocurran.

Estos factores están siempre presentes en forma concomitante y, por tanto, como se darán cuenta, es casi imposible llevar a cabo un análisis acabado de cada uno de ellos.

¿De qué nos sirve entonces hablar de motivación si no podemos analizar sus causas desencadenantes(esto es cómo lograrla) y, en consecuencia, no podemos aplicar estos conocimientos en forma práctica? ¡No desesperen y no apaguen la computadora! Porque, en verdad, poco nos interesa saber qué es lo que causa la motivación. Lo importante es saber si existe, frente a qué aparece y cómo podemos ayudar para que aparezca.

Hay una manera muy simple para saber con certeza si una persona está motivada, esto es si está dispuesta a hacer una cosa con preferencia a otras. Podemos en general decir que una persona está motivada por particulares factores cuando hemos observado que muchas veces respondió a ellos. Es un conocimiento empírico, posterior a la observación de los acontecimientos, pero es el único seguro y el único que nos permite prever lo que puede pasar sin ponernos la vestimenta de mago, adivino o astrólogo. Cuando las circunstancias se presenten otra vez en forma parecida, podemos pensar que, probablemente, la reacción del sujeto en examen será la misma. Nuestra habilidad de “motivadores” reside entonces en:

1)   Detectar el tipo de estímulos a los que la persona respondió anteriormente en forma positiva;

2)   Recrear la situación para recrear la respuesta.

Para visualizar un ejemplo de lo dicho se puede pensar en la servicialidad del portero que nos ayuda con las bolsas del supermercado, ya que las veces que lo hizo con anterioridad recibió propinas. Sabemos así que podemos motivarlo apareciéndonos con algún fardo pesado.

La observación de los estímulos a que reaccionan los demás es simple, pero, por falta de costumbre o pereza o desinterés, no la realizamos con gran frecuencia y ésta es posiblemente una de las causas por las cuales no somos reconocidos como grandes motivadores. Sólo de algunas personas muy cercanas conocemos las preferencias (esto es a qué responden) y limitadamente a algunos campos, quizás en la elección de comidas, espectáculos, indumentaria y, probablemente, sólo bastante poco. ¿Cuántas veces nos ocurrió haberle hecho un obsequio a nuestra pareja y no haber estado seguros de la sinceridad de su aprecio? ¿Y qué sabemos sobre sus deseos de soledad o compañía, si le gustan rubios o morenas, si prefieren hablar con nosotros o con otras? Y de ese empleado que llega todas las mañanas sonriente y puntual, ¿qué sabemos? ¿Le gusta en realidad analizar todos esos datos en la computadora, escribir páginas de presentaciones legales, mezclar productos químicos o atender el teléfono? ¿Le gusta que le hablemos o prefiere no ser interrumpido y estar concentrado y por su cuenta todo el día? ¿Qué querrán decir las sonrisas con que nos gratifica? ¿Son sinceras o fingidas?

¿Nos animaríamos, nos hemos animado alguna vez, a preguntarle si está satisfecho de su trabajo, si – a pesar de las limitaciones económicas que la situación puede estar imponiendo para su sueldo – le gusta hacer lo que está haciendo y las modalidades con que le permitimos hacerlo, si lo tratamos como a él le agrada, si con sus compañeros forma un grupo cohesionado etc.?

¿Nos animaríamos, nos hemos animado alguna vez, a preguntarles a las personas que nos rodean, en el trabajo o en casa, si están bien con nosotros?

Y, ante sus firmes respuestas de asentimiento, ¿cuánto podríamos creerles?

La afirmación más elemental que podemos hacer sobre la motivación en la Empresa es la de que un buen sueldo motiva a cualquiera. ¡Esto es tan obvio como que el sol alumbra de día y la luna de noche! A pesar de esto hay quienes hacen todo lo posible para mantener desmotivados a sus empleados y tratan de pagarles sólo lo indispensable para la supervivencia -o menos - confiados en que el mercado les repondrá los brazos o cabezas que se agoten, enfermen o mueran.

A falta de un buen sueldo el empleado trabaja por necesidad, esto es constreñido por las circunstancias, y no porque se sienta a gusto. Una motivación, de todos modos, la tiene; de otro modo se iría. Es la de sobrevivir, a sabiendas de que es mejor el mal que aguanta en el actual empleo que otro o la desocupación. De ahí la frecuencia de comentarios tipo “¡si me gano la lotería lo tiro todo al aire y me voy a la playa!”.

Pero yendo a algo menos evidente que la motivación dineraria( o la del sexo, que es, en general común, salvo patologías de vario tipo) ¿qué es lo que motiva a las personas que nos rodean? ¿Es lo mismo para todos, es lo mismo para ciertos grupos o tenemos que caer ineluctablemente en una precientífica creencia de que todo ordenamiento es imposible y que cada uno es “exquisita e individualmente” cada uno, sujeto irrepetible y único, sin parecidos con otro, y no podemos saber qué lo motiva si primero no hablamos con él por años y no descubrimos su “yo”más profundo? Esto es un eco de la teoría del alma individual y, por más que figure bien en los textos de religión y filosofía antigua, poco nos ayuda en la psicología del siglo XXI.

A pesar de los más incrédulos, hoy sabemos que podemos –fundados en la motivación básica que las impulsa- dividir a las personas en los cuatro grupos que denominamos D,I,S,C, esto es Dominantes, Influyentes, Solidarias, Concienzudas. Cada uno de estos grupos aprendió, a lo largo del tiempo, a satisfacer sus necesidades de una manera más que en otras. Por ejemplo, hay niños que logran lo que quieren a los gritos y llantos y otros que lo hacen con sonrisas y morisquetas. Quienes prosperan con gritos y llantos establecen así su poder y, con este poder, obtienen atención, mimos, juguetes. ¿De qué les serviría hacerse los simpáticos? Se acostumbran a usar su poder en forma automática. Si se dan cuenta de que lo perdieron, que los demás no responden más a sus agresiones, se sienten mal. Lograr cada vez más poder para lograr cada vez más cosas los impulsa a actuar, luchan para conseguirlo y mantenerlo; el poder es su motivador central.

Les dejo una pregunta: ¿cuál es el motivador central de los que se hacen los graciosos?

Espero sus respuestas. Entre quienes acierten sortearemos 10 perfiles DISC gratis.

¡Hasta la próxima!

Marino Milella

Escríbanle a Marino: mmilella@counselors.com.ar


* El Dr. Marino Milella es Doctor en Psicología Clínica, Abogado. Especialista en Asesoramiento Jurídico de Empresas (U.B.A.), ex- Profesor de Derecho Comercial (U.B.A. y M.S.A.) y Profesor invitado de Psicología de la Conducta, Master Trainer the Trainers de Carlson Learning Co. MN. U.S.A, Miembro de la A.A.B.T. (American Association for Advancement of Behavior Therapy), Investigador en Psicología de la Conducta Individual y Organizacional, Consultor de Empresas en Sistemas de Gestión de Recursos Humanos y Docente de la Dirección Nacional de Formación Superior del Instituto Nacional de la Administración Pública (I.N.A.P.)

 
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